
La noche del uno de diciembre cayeron chuzos de punta y nada hacía presagiar que a la mañana siguiente el sol brillaría con fuerza. Nada salvo la predicción del servicio oficial meteorológico portugués que, en esta ocasión fue de nuevo milimétrico; paró de llover a las cuatro y media de la madrugada -ellos anunciaron «sobre las cinco»- y además que soplaría viento frío, del norte, de medio a fuerte. ¡Y vaya si sopló!
Junto al borde del mar, sin desniveles aparentes, el viento del norte es más frío y aún más fuerte. No me gusta ese viento cuando pedaleo hacia el norte, no por ser viento en sí, sino por ser septentrional.
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