MADRID VISTA EN EL TIEMPO

Nací en Madrid en 1965 en el Barrio de Salamanca, calle de Juan Bravo. Aún así nunca me sentí «gato» supongo que debido a mi naturaleza viajera y a mi corazón global. De todas formas, nacer en un sitio es -en no pocas ocasiones- una mera casualidad, y hacer de ello la reivindicación de los logros personales de alguien, un sentimentalismo cuanto menos arriesgado. El localismo, por regla general, no me seduce, el nacionalismo me chirría y el separatismo me parece una patología peligrosa. Aún así profesé el madrileñismo en una época -dorada para mí- que fue el inicio de los años ochenta, cuando pululaba por el Rockola, por Malasaña, charlaba con Carlos G. Berlanga tras sus conciertos, entrevistaba a Décima Víctima para un fanzine local, vendía discos de Polansky y el Ardor por los pubs, y leía con deleite los bandos del Viejo Profesor. Ese fue otro Madrid, difícilmente reconocible hoy día.

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NO TE CORTES, ¡DILO!

Foto: infogourmet.com.ar

Leía el otro día un twitter en el que un colega exponía que alguien en Madrid le había dicho que «iba a cenar en bici porque no tenía dinero para ir en coche», ¡Qué cosas! Una afirmación como está en España, que según el Ranking Top 15 del sector financiero de 2019 ocupa(mos) el puesto décimo en la lista de los países con mayor riqueza del planeta. La frase, dicha en los tiempos que corren, sólo muestra la confusión y profunda carencia reflexiva de la persona que la dijo… ¡Pobre!

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BICI-RECETAS: Ílhavo

Parece ser que Ílhavo la fundaron griegos o fenicios allá por el 400 aC. Es un lugar no muy conocido -Aveiro lo eclipsa por su cercanía- pero inesperado y sorprendente. El municipio consta de diferentes núcleos de población y en él viven unos 39.000 habitantes (censo 2021). Lo tiene casi todo: una naturaleza sobresaliente en su franja litoral, una calma rural detenida, una oferta cultural sobresaliente -arte, museos, teatro y danza-, y un sabor de antaño. La vida de sus gentes giró en torno a la pesca del bacalao, de la recogida del moliço y de las explotaciones salineras. Naturaleza, agricultura, pesca, cultura, gastronomía y carriles-bici a tutiplén. ¡Ni yo, ni mi bici plegable nos lo podíamos perder!

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BICI-RECETAS: Ría de Aveiro

La noche del uno de diciembre cayeron chuzos de punta y nada hacía presagiar que a la mañana siguiente el sol brillaría con fuerza. Nada salvo la predicción del servicio oficial meteorológico portugués que, en esta ocasión fue de nuevo milimétrico; paró de llover a las cuatro y media de la madrugada -ellos anunciaron «sobre las cinco»- y además que soplaría viento frío, del norte, de medio a fuerte. ¡Y vaya si sopló!

Junto al borde del mar, sin desniveles aparentes, el viento del norte es más frío y aún más fuerte. No me gusta ese viento cuando pedaleo hacia el norte, no por ser viento en sí, sino por ser septentrional.

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BICI-RECETAS: Porto

Nunca estuve en Porto hasta hoy. Haciendo memoria, me doy cuenta que en mis andanzas por Portugal (entré por primera vez en 1991 mientras guiaba un viaje en bici por el Algarve), nunca sobrepasé -hacia el norte- la ciudad de Aveiro. Me alegro de haberlo hecho, y me alegro aún más de haberlo hecho en bici, en una jornada inolvidable de tren y bici. El día 30 de noviembre amaneció despejado, una mañana fría en su arranque, aunque templada hacia el mediodía, con sol en lo alto y ni gota de viento. No eran malas condiciones para ver cumplido un sueño: ver el río Douro entregado al Atlántico. El recorrido fue rápido: diez km en coche de Vagos a Aveiro, bici a tierra, tren de Aveiro a Porto, jornada pedaleando y vuelta atrás al caer la tarde. ¿Por qué Vagos? Porque prefiero vivir y alojarme en áreas rurales donde siempre aprendo algo nuevo; ¿por qué de esa manera? Porque la versatilidad y comodidad de una bici plegable de 20″ no tiene rival siempre que no la sometas a pronunciadísimos desniveles. No era el caso.

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